
En Wushan se ha prohibido la pesca durante diez años en el río Yangtsé, por lo que las comunidades que antes dependían de este medio de vida se han pasado a la agricultura, sobre todo al cultivo de cítricos.
En la aldea de Xingsheng, un asentamiento de unos 300 habitantes, los campos de cítricos cubren ahora cerca de 2,7 kilómetros cuadrados, es decir, en torno a 270 hectáreas. Gran parte de la región está formada por laderas empinadas y desiguales, lo que dificulta los métodos tradicionales de transporte de la cosecha. El traslado manual de la fruta a través de este paisaje requiere mucho tiempo y mano de obra.
Para hacer frente a estas limitaciones, los productores han recurrido a los drones, que elevan la fruta cosechada en las zonas más bajas y la trasladan a los puntos de recogida. Esta tecnología permite tiempos de entrega rápidos y reduce la repetición de movimientos manuales a lo largo de pendientes pronunciadas.
"Acabamos de levantar este lote desde abajo y solo nos ha llevado un minuto", explica un operador de drones. "Con un solo dron podemos realizar unos 40 viajes al día. Cada vuelo transporta 100 kilos, así que podemos transportar unas 4 toneladas de fruta en un solo día".
Para los productores de Wushan, el transporte con drones se ha convertido en un componente práctico de la logística de las fincas más que en una herramienta experimental. El sistema favorece la eficacia de la cosecha en terrenos difíciles al tiempo que encaja en modelos de producción adaptados a las restricciones ecológicas.
El continuo despliegue del transporte aéreo refleja cómo la tecnología se está incorporando a las cadenas de suministro de fruta en regiones donde la geografía limita la mecanización convencional.
Fuente: Chongqing